martes, 2 de abril de 2013

De pistas con lluvia y deseos semi vacíos.

Te miro salir mientras levantas tu libertad y la guardas en el bolso pero antes quieres bailar y regresas a la pista. Tendré sólo lo que quieras que tenga de ti... de cualquier forma es hermoso verte danzar con los ojos cerrados.

Escucho tu risa acercándose, el alba sonríe y la pista se vacía; quizá ya es hora de marcharme, no intenté cortejarte realmente, así que el empate a cero es justo. 

Me acerco a la salida pero tomas mi mano y me pides que me quede. Dudo por un segundo, pero sólo por un segundo; no seré yo quien le ceda esta pieza a la soledad.


Te miro a los ojos y me quedo suspendido un instante; -ni siquiera pienses en robarle un beso -me digo tajante. Tú sabes bien lo que no quieres.

La música se detiene y se encienden las luces, dices que tienes que irte y aunque me entristece saberlo, por otra parte también me alegro. Alguien a quien amas debía esperarte.

Encontrarte una segunda vez en esta inmensa ciudad fue lindo; yo me acerco a saludarte pero mantengo mi distancia, no quiero enamorarme de nadie. Te sorprende verme de nuevo, me recuerdas que no te dije mi nombre aquella noche, que desde entonces no dejas de pensar en mí, que sabes lo que quieres, lo que necesitas y de quién te enamoraste.

Es curioso como comenzó a llover mientras te acercabas; la lluvia jugaba a colarse entre nosotros. Bien sé que cuando las nubes se marchen tú serás sol de otro horizonte, entonces me separo de ti y doy un paso atrás. Nuevamente me pides que me quede, pero ahora lo sé, lo tengo claro. Serás sólo un deseo de lluvia que no consiguió mojarse.
©Hale Sastre